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Delito de cuello blanco

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“Delitos de cuello blanco”, ¿Cómo surge esta definición? Es a Edwin Sutherland, un famoso erudito estadounidense, a quien debemos la primera definición de los que fueron incluidos en los “delitos de cuello blanco”.

Sutherland sienta las bases para un estudio que nunca será abandonado, por el contrario, la investigación de los años venideros perfeccionará el modelo de cuello blanco, adaptándolo a prácticas específicas y a los cambios económicos y sociales. A partir de aquí, la investigación criminológica ya no estará dirigida a sujetos individuales sino a una conducta delictiva compleja y estructurada, basada en la organización económica de la empresa.

Estos delitos eran específicamente los cometidos por personas de alto estatus social (que podían calificar como tales según el cargo que ocupaban) por lo que se referían principalmente a personas de extracción social media-alta y considerable experiencia técnica, autorizadas y “socialmente fuertes”.

De hecho, se concluyó que, precisamente por este importante papel, estos sujetos tenían más probabilidades de desear y obtener más fácilmente un enriquecimiento indebido, incluso cometiendo, de ser necesario, graves irregularidades sancionadas por la ley penal.

Por eso se hizo necesario circunscribir estos delitos, denominados delitos de cuello blanco, distinguiéndolos de los demás.

Si usted, un familiar o conocido se encuentra retenido por un delito, podemos ayudarle.

Un poco de claridad de una vez por todas sobre los delitos de cuello blanco

Muy a menudo, los delitos de cuello blanco se señalan no como simples violaciones de las normas técnicas, sino como un comportamiento premeditado que afecta a diferentes categorías de víctimas.

Entre estos últimos, de hecho, está el Estado: pensemos en el caso de corrupción cometida, por ejemplo, por funcionarios públicos. Muchas veces, gracias a su considerable experiencia técnica y en virtud de los cargos que ocupan dentro de la misma empresa, los trabajadores administrativos pueden ser acusados ​​de enriquecerse indebidamente y/o cometer graves irregularidades sancionadas por la ley penal.

Lo peor es que, muy a menudo, surge una gran confusión en la población sobre la correcta identificación de los delitos de cuello blanco.

Por ejemplo, a veces se confunden con los “robos profesionales” más habituales, con la diferencia de que un ladrón profesional suele ser considerado un delincuente, mientras que el empresario se considera un ciudadano respetable. Esta disparidad realmente no se comprende.

Por tanto, es urgente, en primer lugar, arrojar algo de luz sobre un tema tan complejo y controvertido.
En el lenguaje común, los trabajadores de cuello blanco se refieren a aquellos trabajadores que no realizan tareas físicas, sino a aquellos que trabajan utilizando los conocimientos adquiridos en sus estudios. Los ejemplos clásicos de trabajadores administrativos son los oficinistas, los profesionales o los funcionarios estatales.

Estos delitos, que generalmente persiguen fines lucrativos, suelen caracterizarse por la ausencia de conductas violentas y por la categoría de víctimas. Lógicamente, el elemento subjetivo propio de estos delitos es la dolo, en el sentido de que el agente debe ser plenamente consciente de la conducta ilícita que realiza.

En general, los delitos de cuello blanco están relacionados con el mundo de las finanzas, el mercado y el comercio. Entre ellos los principales son:

– fraude
– Reciclaje
– Delitos de corrupción
– Fraude en fondos públicos
– Corrupción internacional
– Interrupciones en la subasta
– Abstención de encantamientos
– Fraude y morosidad en suministros públicos
– Fraude agravado para la obtención de financiación concedida por el Estado o por la CE
– Insolvencia fraudulenta
– Contabilidad falsa

Además de esto, también existe toda una serie de delitos contemplados en las leyes especiales en materia de delitos corporativos y los cometidos a nivel internacional.

El delito de “cuello blanco” suele expresarse en el ámbito empresarial en la información financiera falsa de las empresas, en la manipulación bursátil, en la corrupción directa o indirecta de funcionarios públicos, en el fraude en el ejercicio del comercio, en la apropiación indebida y en el desvío de fondos, en fraude fiscal, en otras “irregularidades” llevadas a cabo en el contexto de la quiebra y también en la quiebra.

En la profesión médica, por ejemplo, que a primera vista expresa menos delincuencia que otras, encontramos ventas ilegales de alcohol y estupefacientes, abortos, tratamientos complacientes, falsos testimonios en accidentes de tráfico, falsas declaraciones de locura, etc …

La descrita anteriormente, sin embargo, es una categoría penal que tiende a subestimarse, incluso en los tribunales, y esto por cuatro motivos fundamentales:

– Se lleva a los magistrados a considerar poco probable este tipo de delitos;

– Los delitos de cuello blanco no se consideran peligrosos para el público;

– Las víctimas de actos delictivos en entornos de alto nivel no se consideran tan gravemente dañadas como las víctimas de otros tipos de delitos;

– Los medios de comunicación tienden a presentar los delitos de las clases pudientes con argumentos de apoyo.
El enjuiciamiento del delincuente de “cuello blanco” rara vez involucra a más de una persona. La corrupción política, por ejemplo, casi siempre implica connivencia entre políticos y empresarios, pero los enjuiciamientos generalmente se limitan a una sola persona.

Según algunos, entonces, entre el crimen de cuello blanco y el crimen organizado existe una relación bien definida, capaz de rediseñar el concepto de crimen organizado como un “crimen organizado” más que como un “crimen de tipo mafioso”. Lo que surge, en todo caso, es que ambas realidades constituyen organizaciones que necesitan de la corrupción para auto conservarse; en resumen, no son más que formas distintas de crimen organizacional.

Una reacción social injustificada

En los últimos tiempos, probablemente debido al deseo de todos de llevar una vida lo más pacífica posible, parece que la reacción social hacia los delitos de cuello blanco se ha agravado especialmente.

De hecho, la opinión pública se muestra cada vez más atenta a este tipo de conductas ilícitas ya los remedios que prepara contra ellas el legislador.

En cualquier caso, el daño económico causado por los delitos de “cuello blanco”, por grande que sea, es menos preocupante que el causado a las relaciones sociales; Los delitos de este tipo socavan la confianza y, por lo tanto, generan desconfianza, lo que debilita la moral social.

En verdad, también se trata de una cuestión de ética, y ésta también está llamada a regular los aspectos que subyacen al comportamiento económico de la empresa. A partir de aquí se difundió el concepto mismo de responsabilidad social empresarial. En consecuencia, por tanto, nacieron los códigos éticos y los equilibrios sociales, los primeros representan una especie de carta constitucional de la empresa, una carta de derechos y deberes morales que define la responsabilidad ético-social de cada participante de la organización empresarial.

Hoy se habla de un crimen transnacional y globalizado, donde los crímenes de los poderosos adquieren proporciones globales y no atribuibles a una sola categoría ni a una sola legislación. Este tipo de delito no es el resultado de la relajación de los lazos sociales, sino de su fortalecimiento.

Recientemente, las más altas autoridades nacionales e internacionales parecen haber reconocido la gravedad y el peligro de los delitos económicos y fenómenos relacionados (Convenciones Europeas de Bruselas y París de 1997, Convención de las Naciones Unidas de Palermo de 2000…). Estas posiciones, sin perjuicio de la necesaria verificación de los hechos, constituyen una gran novedad, ya que la actitud de las instituciones es de primordial importancia para combatir este tipo particular de delitos.

Sin embargo, se siguen cometiendo delitos de cuello blanco y la condena de los presuntos responsables es cada vez más dura.

Por tanto, se necesita con urgencia una defensa enérgica.

Es por eso que se necesita una defensa “especial” para los delitos de cuello blanco.

Las personas responsables de delitos de cuello blanco sin duda necesitan una asistencia muy especial. Normalmente, de hecho, este tipo de cliente tiene una preparación profesional y técnica muy alta para lo cual no puede contar con un abogado penalista común, sino con un abogado, o mejor aún, un equipo de abogados, que conocen muy bien los temas y normativa de la ley tributaria y bancaria.

El bufete de abogados International Lawyers Associates, y su equipo mixto de abogados penales y fiscales, junto con sus consultores de la empresa, es un bufete asociado que históricamente ha prodigado años de compromiso profesional con la protección de 360 ​​° del “cuello blanco”.

He aquí la razón por la que puede considerarse una de las mejores referencias para quienes son sospechosos o acusados ​​de cometer este tipo de delitos.

Los abogados de International Lawyers Associates son profundos conocedores y estudiosos de los problemas de la empresa, el presupuesto y las regulaciones que rigen el mercado financiero.

Lo que marca la diferencia no es solo el alto nivel de preparación en estos sectores, sino también el método adoptado, que es la formación de un tablero defensivo, capaz de garantizar la máxima atención al cliente.

Un asunto tan espinoso y controvertido merece una defensa muy densa, que pueda proceder de un análisis cuidadoso del caso específico de los delitos de cuello blanco.

Es mejor elegir con mucho cuidado al abogado encargado de este tipo de defensa, porque es una protección jurídica que, como es fácil de adivinar, no todo el mundo es absolutamente capaz de garantizar.

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